SENÉN ORDIALES GONZÁLEZ (1900-1936)

El soldado español que ametralló a decenas de rifeños para defender los cadáveres de sus compañeros.


Senén Ordiales González.

Este madrileño nacido en 1900, desde muy pequeño siempre soñó con pilotar su propio avión y surcar el viento en el ámbito militar; su pasión quedó patente cuando ingresó con 15 años en la Academia segoviana de Artillería.

Eran años donde la aviación comenzaba a "despegar" (nunca mejor dicho) gracias a las apuestas personales que solía realizar el rey Alfonso XIII, que solía apoyar todo aquello que era considerado como una innovación. Senén Ordiales aprovechó este momento para involucrarse con mayor ilusión en la aviación española. El rey firmó el 28 de febrero de 1913 el decreto mediante el que se creaba el Servicio Aeronáutico Militar. Un documento que implicaba el nacimiento de la Aviación Militar española.

Con solo 20 años, logró ascender al rango de teniente y por fin pudo cumplir su sueño de volar, aunque para ello tenía que pagar un precio muy alto: acudir a la Guerra de Marruecos. Tras obtener ese cargo, se ofreció voluntario para ser destinado al Regimiento Mixto de Artillería de Melilla.
Combatió en la posición de Kadia (ubicada en Beni Said, a unos 40 kilómetros de Ceuta) y deDar Queb Dani (unos 55 kilómetros al oeste de Melilla). Allí recibía su bautismo de fuego, actuó en todo momento con la serenidad de un veterano, adoptando las decisiones acertadas.

En 1924, finalmente, fue destinado al grupo de escuadrillas expedicionarias. Es decir, que le tocó hacer el petate y, como tantos otros, dirigirse hacia Marruecos, donde se estaba sucediendo una guerra a sangre y fuego entre España (cuyo objetivo era dominar el territorio de Marruecos que la comunidad internacional le había cedido en 1912 de apenas 25.000 kilómetros cuadrados) y los rifeños, empeñados en no dejarse dominar por aquellos hombres uniformados que no habían visto en su país más desierto que el de Almería.

Soldados de aviación preparados con bombas para aprovisionar un avión.

Las misiones de aviación en la guerra de Marruecos eran de vital importancia consiguiendo así un enorme efecto moral en la información y en la exploración, en los bombardeos de castigo, en la disolución de las concentraciones enemigas y de los zocos, en la destrucción de las cosechas, en el combate para batir a la artillería enemiga, o para vencer con bombas o con ametralladoras una resistencia obstinada, en los momentos difíciles abasteciendo posiciones y columnas aliadas.



Componentes de la escuadrilla con base en Tetuán. 

Ordiales, al igual que todo su grupo, pilotó uno de los aviones más populares de la Primera Guerra Mundial, el Breguet XIV, durante sus primeros años en África. Este biplano había sido adquirido por el gobierno español a Francia tras la Gran Guerra aprovechando su gran excedente. Cuando llegó a la Península, allá por 1919, fue destinado directamente a la Guerra de Marruecos, donde ofreció dignos servicios durante años.

El teniente se distinguió dando pruebas de su valor y concepto del compañerismo, durante una misión de reconocimiento ofensivo sobre el Zoco el Had de Beni Buyari, al resultar derribado por el fuego de las ametralladoras rifeñas el Bristol n.º 24. Sin dudarlo un instante, tomó tierra Ordiales junto al avión abatido, y en unión de su bombardero, el sargento Gutiérrez Lanzas, defendió con la carabina los cuerpos sin vida de sus compañeros hasta la llegada de fuerzas propias, despegando entonces y protegiendo desde el aire, con el fuego de su ametralladora, la retirada de aquellos que transportaban los cadáveres de los aviadores. Por esta decidida y valiente acción recibiría el teniente Ordiales la Medalla Militar.

Avión Bristol F2B en la guerra de Marruecos

Durante la macro operación del Desembarco de Alhucemas, después de practicar varios vuelos de reconocimiento, descubrió el Teniente Ordiales, a la altura del monte Yebel Amekranes, un grupo de moros que transportaban un cañón para atacar a la infanteria española; y a fin de bombardearlos más eficazmente, acercó su avión Bristol a unos 60 ó 70 metros de altura, siendo entonces herido en la cabeza por proyectil enemigo. No obstante, Ordiales insistió y continuo con en el bombardeo, y al hacer otra pasada sobre el citado grupo, recibió un segundo balazo en la muñeca derecha y a pesar de la gran pérdida de sangre que sufría, continuó su vuelo y bombardeo, después de vendarse por sí mismo con la corbata del Sargento, hasta arrojar todas las bombas que llevaba el aparato. Después de recibir esta segunda herida, que fue calificada de grave, continuó el vuelo el Teniente Ordiales, hasta ultimar el servicio que se le había encomendado. Aterrizó entre Malmusi y la Cala del Quemado sin averías en el aparato, y éste en condiciones de prestar servicio sin la menor reparación.
Al descender a tierra el mencionado Oficial perdió el conocimiento, y al ser asistido inmediatamente por los médicos, hubieron éstos de observar su estado gravísimo, debido a la gran pérdida de sangre sufrida por haber seguido el vuelo tanto tiempo después de haber recibido las heridas.



Ametralladora acoplada a un Bristol F2B

La Laureada le fue impuesta por Su Majestad el Rey, en un solemne acto castrense celebrado en el parque del Retiro, de Madrid, el 15 de mayo de 1927.

Ordiales sobrevivió y, en marzo de 1927, volvió a la vida castrense. Fue ascendido a Jefe de Escuadrilla del Sector Occidental de Marruecos por sus múltiples actos de valor. Dos años después en junio de 1929, fue destinado en la Escuadrilla de Experimentación de Cuatro Vientos.

Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936, el capitán Senén Ordiales, que se encontraba destinado en Madrid, se negó a prestar servicio al Gobierno del Frente Popular, siendo detenido y encarcelado en la Cárcel Modelo de donde fue sacado en la noche del 18 de agosto, para ser asesinado en las afueras de la capital, el mismo día que fusilaron a Federico García Lorca.

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