LAS ENCAMISADAS DE LOS TERCIOS

Aprovechando la oscuridad de la noche, los soldados de los Tercios, se adentraban con sigilo en el campamento enemigo degollando, robando y quemando a todos los hombres y enseres que encontrasen a su paso.

Recreación de una Encamisada

Al crearse los Tercios nadie pensaba en la revolución militar que traería consigo. Al agrupar compañías y darles un jefe común y permanente con atribuciones explícitas y medios para imponer su autoridad, incluido el verdugo, se creó una herramienta de mando que se reveló muy eficaz. Los Tercios demostraron ser una solución idónea administrativa, organizativa y de mando, y todo el mundo procuró copiarlos. Y a ello, claro, se unió la inmensa eficacia y calidad operativa que demostraron.

Luchaban combinando de forma muy eficaz las armas blancas (picas, espadas) y las de fuego (arcabuces, mosquetes), llegando al punto de crear toda una leyenda entre los enemigos de las Españas como tropas invencibles desde comienzos del siglo XVI hasta mediados del XVII. Los Tercios utilizaban tácticas muy innovadoras para la época, heredadas de las que emplearan las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Su movilidad en el campo de batalla y su capacidad para adaptarse a cualquier situación no tenía parangón entre sus rivales y todavía se les considera como uno de los mejores ejércitos de todos los tiempos.

El temible ejército de Flandes en formación durante la Batalla de Nieuwpoort 

Flandes sangraba abundantemente desde hacía tiempo, la guerra duraría cerca de 80 años a partir de 1568, y era la tumba de miles de hijos de España. El empecinamiento del Imperio español en sostener un frente que se podía haber negociado abriendo la mano con una generosa autonomía, evitando varias bancarrotas y atando en corto los factores estratégicos, dio al traste con cualquier solución que no fuera la de más de lo mismo: la guerra.


Fue en este periodo cuando los tercios desarrollaron una estrategia militar muy osada, la encamisada. Con este nombre se conocían a las incursiones nocturnas contra las tropas enemigas. Solo apto para soldados que no temían a la muerte. Eran ataques por sorpresa, por la noche o al amanecer en grupos de unos 50 hombres, para sabotear y robar en los campamentos y posiciones de las tropas enemigas mientras dormían.

Durante estos ataques, las tropas de los Tercios se vestían con una camisa blanca, que les permitía distinguir amigos de enemigos durante las escaramuzas nocturnas, de ahí el nombre de “Encamisadas”. Los soldados españoles llevaban poco armamento, entre ellas, la famosa daga vizcaína y la espada, a veces pistolas, arcabuces y mosquetes. Intentaban degollar el máximo de soldados enemigos, clavar los cañones enemigos para impedir su uso en la batalla, inutilizar cualquier otro tipo de armamento que encontrasen, y robar víveres y pertrechos.

Encamisada de los Tercios

En las encamisadas también intentaban conseguir la información de inteligencia, como órdenes de batalla, correspondencia y mapas. Sólo cuando iniciaban la retirada, incendiaban los edificios, almacenes y tiendas del enemigo. Era entonces cuando solían usar sus pistolas, arcabuces y mosquetes. Generalmente el ataque se planificaba para que la fase de incendios coincidiera  con el amanecer, para poder ver el camino de vuelta y permitir que las fuerzas de cobertura cubriesen su retirada a la base o campamento propio.

Aunque eran operaciones muy populares, no faltaba los que renegaban de ellas al considerar que matar al amparo de la noche no era muy caballeroso. Aún así, sabían que era mejor quitar de en medio el mayor número de enemigos posible antes de la batalla, que enfrentarse a un ejército enemigo descansado y bien pertrechado y armado al día siguiente.

Típica daga vizcaina usada por los tercios

Si hay un encamisada que ha dejado huella en la historia, esa fue la de Mons (1572). En la noche del 11 al 12 de septiembre de 1572 Julián Romero, militar español, penetró en el campamento de Guillermo de Orange en Hermigny al mando de 600 arcabuceros, quedando como reserva, en retaguardia, otro número igual, donde también figuraban unidades de caballería ligera, cuyo fin era proteger la retirada de las fuerzas que realizaban la incursión. En este ataque fallecieron 600 rebeldes (la mayoría eran mercenarios alemanes) por solo 60 españoles, fueron desbarrigados cientos de caballos e incendiada y destruida gran parte de la impedimenta enemiga.

Allí estuvo a punto de morir el propio Guillermo de Orange, el jefe de los rebeldes flamencos, al que salvaron los ladridos de su perra Spaniel (de raza española) que dormía a su lado. Se dijo que , que a partir de entonces, durmió siempre con un animal de esta raza junto a él. Tras su fracaso en Mons, Guillermo de Orange se retiró con su ejército hacia Wronne, Nivelles, Malinas y Orsoy; cruzando el Mosa. Sus tropas, amotinadas por la falta de pagas, se dispersaron en dirección a Alemania (de donde procedían la mayoría). Guillermo salió hacia Holanda.

Un autor de la época lo relataba así:
"De todas ellas, que menudearon en Flandes (encamisadas), fue famosa la de Mons: quinientos tudescos a sueldo de los orangistas muertos, y su campamento hecho cenizas".

Julián Romero, maestre de campo quien lidero el ataque

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