FRASES HECHAS DE ORIGEN MILITAR, VOLUMEN 2


"No dar un palo al agua"
Cuando alguien es muy vago se suele decir de él que 'no da un palo al agua', una expresión con reminiscencias marineras. Y es que inicialmente se aplicaba a aquellos que en una embarcación no colaboraban remando con el resto de marineros para hacer avanzar una barca. Desde entonces, esta expresión fue ganando popularidad hasta aplicarse hoy en día a cualquier persona con poco gusto por el trabajo.


"Ponerse las botas"

Cuando alguien saca mucho provecho de algo o disfruta mucho de un placer en concreto, especialmente en términos gastronómicos, solemos decir que se 'pone las botas'. ¿Pero cuál es la relación entra unas botas y el enriquecimiento? El origen de esta expresión lo explica José María Iribarren en su libro 'El porqué de los dichos', donde cuenta que las botas eran un distintivo de caballero que atesoraba riquezas, ya que los pobres utilizaban zapatos.


"Dejar en la estacada"

Esta expresión se refiere a abandonar a alguien o dejarle plantado. La Fundación de la Lengua Española explica que una 'estacada' era un "palenque o liza, formado ordinariamente con estacas, en que se celebraban los desafíos, torneos y justas".
De este elemento surge una expresión que se refiere de forma figurativa a alguien que abandona a otro ante un grave riesgo o un asunto peligroso.


"Hacer las cuentas del Gran Capitán"

Alude a las tan discutidas cuentas millonarias que Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, presentó a los Reyes Católicos después de haber conquistado para ellos el reino de Nápoles en 1504. Hace referencia a la meticulosidad a la hora de exponer los pormenores de una cuestión.


"Chusma"

La chusma eran los prisioneros condenados a «apalear sardinas» (a remar) en galeras y por tanto encargados de las tareas más ingratas.


"París bien vale una misa"

En 1593, Felipe II renunció definitivamente a que el trono francés lo ocupara su hija Isabel Clara Eugenia y accedió a que Enrique III deNavarra, notorio calvinista, se casara con ella y se convirtiera en rey de los galos siempre que renunciara al protestantismo y abrazase la fe católica. Enrique contestó: «París bien vale una misa». Católica, claro.


"Disparar a mansalva"

Se trata de una abreviación de la expresión militar «disparar a mano salva», que significaba disparar con seguridad y sin ningún peligro para el que dispara, aunque hoy se utiliza principalmente con el significado «en abundancia».

"Tener la mosca detrás de la oreja"
Cuando alguien está atento a algo que puede suceder y no quiere que le pille desprevenido, se suele utilizar la expresión “tener la mosca detrás de la oreja". La ‘mosca’ a la que se refiere la expresión es la ‘mecha’ que se  utilizaba antiguamente para encender el arcabuz y hacerlo disparar. El soldado portador de dicha arma, tras usar y apagar la mecha, se la colocaba sobre la oreja (del mismo modo que algunos operarios pueden ponerse un lapicero o alguien lleva un cigarrillo).
El colocarse ahí la ‘mosca’ le ayudaba a tenerla fácilmente localizada en caso de necesidad y echar rápidamente mano de ella; de ese gesto viene la connotación de que se aplicase al hecho de estar atento y/o prevenido.


"Perder los estribos"

Perder el control sobre uno mismo. En Caballería, los "estribos" son los apoyos de los pies del jinete cuando está montado. Si se pierden los estribos, se pierde el modo de sujetarse en la caballería con la seguridad debida y el cuerpo queda incontrolado sobre la montura.


"A mansalva"

Con abundancia, pródigamente. Proviene del antiguo término militar “disparar a mano salva”, que se utilizaba cuando el tirador artillero podía efectuar gran cantidad de disparos desde un lugar seguro.


"Pasarlas canutas"

Sinónimo de tener grandes problemas y dificultades en un momento concreto. La “canuta” era un pliego manuscrito sellado y firmado por el jefe de su Ejercito, que el soldado recibía al finalizar su largo servicio militar y que acreditaba sus datos, destino y vicisitudes en campaña. Era un documento importantísimo, que se le entregaba dentro de un canuto o cilindro  metálico estrecho y de mediano tamaño. En todo caso esta “licencia” absoluta suponía el principio de una nueva vida  plena de dificultades  y penurias, puesto que el soldado licenciado no poseía oficio ni beneficio  para poder sobrevivir.


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