PRIMERA RECONQUISTA DE ALMERÍA, 17 de Octubre de 1147

A consecuencia de la 2º cruzada, el monarca Alfonso VII apoyado por un masivo desembarco genovés y con ayuda de los caballeros templarios de Castilla y Aragón, lograron reconquistar la ciudad de Almería.

Reconquista de Almería en 1147

Cuando se habla de la Reconquista de Almería, todo el mundo piensa en aquel año 1489, que supuso la rendición definitiva musulmana ante los Reyes Católicos. 
Sin embargo, algunos siglos antes, más concretamente en el siglo XII, hubo una reconquista menos conocida por parte cristiana que tan solo duraría 10 años. Una coalición de reinos cristianos, con el rey Alfonso VII, el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV y el rey García V de Navarra que lograron su objetivo el 17 de Octubre de 1147. 
Ante el poderío musulmán, necesitaron el apoyo en esta cruzada del conde de Montpellier, de caballeros templarios de Aragón y castilla, así como de tropas y navíos llegados desde Pisa y Génova (estos últimos dieron su gentilicio a la playa en que desembarcaron, en el Cabo de Gata). Almería volverá a ser musulmana con la toma de los almohades, pero jamás recobrará su antiguo esplendor.

Rey Alfonso VII

En los siglos XI y XII el predominio musulmán en el Mediterráneo Occidental dio paso al cristiano. Durante aquel tiempo, coincidiendo con el arranque de las Cruzadas, las ciudades de Pisa y de Génova acrecentaron su fuerza naval y comercial. Aliadas a veces, rivales en muchas ocasiones, se interesaron por el destino de las ricas tierras andalusíes y su próspero comercio con todo el mediterráneo.

En la península ibérica, Alfonso VII se corona como rey de León y Castilla en 1135. Su figura predomina sobre los otros reinos peninsulares (Portugal, Aragón, Navarra, el condado de Barcelona y varias taifas musulmanas le rendían vasallaje).

Siendo ya rey, Alfonso VII volvió su atención hacia el sur peninsular iniciando una serie de incursiones de saqueo contando con aliados musulmanes como Ahmad al-Mustansir Sayf al-Dawla (más conocido como Zafadola), señor de Rueda de Jalón, o Muhammad ibn Mardanis, alias Rey Lobo, otro militar andalusí que, al igual que el anterior, era opuesto a los almorávides. Como el dominio de éstos se derrumbaba, dieron su ayuda a los cristianos para arrebatar Coria, Jaén y Córdoba. 

En el año 1146 ocurrió un hecho inesperado que cambió el panorama peninsular, la aparición de un nuevo y potente enemigo. Eran los almohades, que con su rigurosa visión del islam desembarcaron en Algeciras dispuestos a poner fin a la decadencia espiritual en la que habían caído los almorávides.

Durante el asedio de Córdoba, Alfonso VII recibió una embajada de Génova, que le ofreció la asistencia de naves, guerreros y de una suma de 30.000 maravedíes para tomar Almería. Alfonso no dudo en aceptar la empresa pero no era tarea fácil, por lo que le solicitó al papa Eugenio III un llamamiento de cruzada a toda la cristiandad. El papado cumplió y se empezó a constituir una importante coalición internacional en cuyas filas formaban soldados castellanos, aragoneses y catalanes pero también genoveses, pisanos y franceses. Entre los destacados están Ramón Berenguer IV Conde de Barcelona y Guillermo de Montpellier.

Papa Eugenio III

Como una auténtica cruzada bien incentivada por el clero, la gente debía aportar fondos con los que financiar armas, tiendas, banderas, bagajes de asedio y provisiones, de manera que en cinco meses se consiguió formar una flota de sesenta y tres galeras más un centenar y medio de otras naves menores. Esta flota reunida en Barcelona, partió hacia Almería donde debía reunirse con las huestes del rey Alfonso. 

Mientras tanto, Alfonso VII que estaba batallando a los musulmanes en Jaén, ya únicamente contaba con una tropa de 1000 hombres y 400 jinetes. 

Llegada la flota a la costa almeriense, el Conde de Barcelona, diseñó una celada: los genoveses fingirían un asalto anfibio desde el mar con parte de sus efectivos para incitar a los almohades a salir de sus murallas, momento en que se haría una señal a los catalanes para dejar su escondite al otro lado del río y caer sobre ellos.
Aunque al principio desconfiaron, los exploradores musulmanes no fueron capaces de descubrir a ningún enemigo oculto y se lanzaron sobre los genoveses que desembarcaban. Estos consiguieron aguantar lo suficiente como para dar tiempo al Conde de Barcelona a llegar y sorprender a los atacantes, siendo reforzados enseguida por el resto de las galeras. Los almohades quedaron atrapados entre tres frentes y el mar, sufriendo una descomunal matanza entre los que cayeron en la playa y los que lo hicieron intentando huir entrando en el agua. Se calculó unos cinco mil muertos.

Almería en época musulmana

Tras esa victoria se inició el sitio a la ciudad propiamente dicho, con torres, catapultas y trincheras. La flota enemiga intentó tres salidas, pero fracasó en todas. También la infantería realizó incursiones para tratar de destruir el cerco del asedio; sin embargo, el ejército cristiano ya tenía una superioridad numérica demasiado importante que fue ampliada con la llegada de Alfonso VII y sus mil cuatrocientos efectivos.

En poco tiempo, los aliados lograron demoler dos torreones y abrir una brecha de dieciocho metros en la muralla. La situación se volvió dramática para los defensores de Almería, que se pusieron en contacto con el Emperador, Armengol VI de Urgel y el rey García Ramírez de Pamplona para pactar un acuerdo. La oferta era de cien mil maravedíes y otras riquezas a cambio de levantar el sitio, dejando solos a los genoveses.

Dinar emitido en Almería bajo Alí ibn Yúsuf, en el siglo XII.

Al enterarse de ello, los cónsules decidieron llevar a cabo un esfuerzo extra mediante un asalto frontal a Almería a la mañana siguiente. El viernes 17 de octubre de 1147, los cristianos se organizaron en doce compañías de unos mil hombres cada una. El ataque se inició en silencio sin gritos de batalla y tres horas después las tropas conseguían entrar en la ciudad.

Caballeros templarios atacando las murallas de Almería

Las crónicas relatan que ese día murieron veinte mil defensores y se llevaron diez mil mujeres y niños a Génova, se deduce que como esclavos. La alcazaba aún resistió otros cuatro días, transcurridos los cuales tuvo que rendirse; para que se respetara la vida de los defensores restantes.  Éstos tuvieron que pagar la cantidad de treinta millones de maravedíes.

Alcazaba de Almería.

El genovés Otto de Bonovillano, al que se nombró Conde de Castilla, se quedó como gobernador de Almería con una guarnición de mil soldados mientras las galeras regresaban a Barcelona llevándose una tercera parte del botín. 

Según las crónicas musulmanas, el resultados del dominio cristiano fueron edificios públicos destruidos, sus habitantes reducidos a la esclavitud y su encanto desapareció. 

Pese al esfuerzo, la ciudad sería recuperada por los almohades diez años más tarde en 1157 y Alfonso VII, que la intentó reconquistar de nuevo sin éxito, falleció poco después un 21 de agosto de ese mismo año.

Esta empresa, con independencia del resultado final, fue el verdadero precedente de las posteriores campañas de las Navas de Tolosa o de la conquista de Granada. La toma de Almería marcó algunos de los senderos del futuro castellano.

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