RECLUTAMIENTO MILITAR DEL SIGLO XIX Y LA REDENCIÓN EN METÁLICO

"Hijo quinto y sorteado, hijo muerto y no enterrado". Cuando ser rico te libraba de una muerte casi segura. 

Uno de los 2.000 muertos españoles caídos durante la guerra de Melilla en 1909.

Durante mucho tiempo existió una diferencia entre la obligación militar (sentida y aceptada desde los tiempos más antiguos) y quienes realmente formaban parte de los ejércitos combatientes de manera voluntaria. En la Edad Media, las huestes estaban formadas básicamente por tropas de vasallos reales, milicias concejiles, órdenes militares y guerreros que luchaban por una paga. Guerreaban con la obligación de respetar diferentes vínculos: vasallaje, fueros municipales o religiosos. Pero se aceptaba la existencia de un deber general de hacer la guerra, exigido o no por los reyes.

La enorme diferenciación social existente en la España del siglo XIX era un hecho incontestable y uno de los aspectos más visibles era el sistema de reclutamiento. Para entender este fenómeno en nuestro país, hay que remontarse atrás en el tiempo. 

Sacerdote en la guerra de Marruecos acompañando a los soldados para dar la extremaunción a los caídos.

El 13 de noviembre de 1770, durante el reinado de Carlos III, se promulga la Real Ordenanza de Reemplazo Anual del Ejército con el Servicio Obligatorio. Desde entonces, los sistemas de reclutamiento empleados fueron cuatro:
  • el reclutamiento de voluntarios.
  • la leva o quinta (era el origen en la costumbre de elegir a un hombre de cada cinco).
  • la leva forzosa, constituida por recogidas de “vagamundos” y gente sin oficio.
  • la leva voluntaria, es decir, cuerpos o regimientos de voluntarios.

El servicio militar era de larga duración (ocho años), por lo que los soldados procedentes de las quintas se convertían de hecho en soldados profesionales.

Uniformes de la infantería ligera (1718-1750)

La Guerra de la Independencia (1808-1814) supuso la participación masiva de los españoles en la lucha contra el invasor francés, bien en los restos del antiguo Ejército de los Borbones, bien como voluntarios, como reclutados en diversas levas o, finalmente, al ingresar en las partidas de la guerrilla. Esto fue así hasta el punto de que puede considerarse que casi la totalidad de los hombres útiles entre los 16 y los 40 años tomaron las armas en el transcurso de los seis años que duró la contienda.

Las Cortes de Cádiz intentaron imponer un modelo de Ejército acorde con los cánones revolucionarios, por lo que dejó de ser dinástico y pasó a ser nacional. La leva voluntaria dejó paso a la forzosa, pero se permitía la exención por pago que pasó a llamarse redención en metálico. Los 15.000 reales a abonar se justificaban por la necesidad que tenía el Ejército de vestuario y sustento.


Uniforme militar español en la guerra de la independencia.

Una vez acabada la guerra de la independencia, Fernando VII vuelve al poder en 1813. Desechó este sistema y volvió a la Ordenanza de 1770, es decir, al enganche voluntario y las quintas, sistemas muy impopulares por recaer en los más humildes. 

Las quintas consistían en sacar a suerte uno de cada cinco hombres para ir a combatir en un largo servicio obligatorio, pero ni mucho menos era igual para todos. Si eras adinerado no había problema ya que tenías dos formas de librarte: enviar un sustituto ("sustitución personal" que podía ascender a unas 1500-2000 pesetas) o el rescate ("redención en metálico"), es decir, pagar un dinero al Estado por librarse total o parcialmente.


La Ley Constitutiva del Ejército de 9 de junio de 1821 promulgada por las Cortes constitucionales, retoma lo determinado por las Cortes de Cádiz. Decreta en relación al reclutamiento:

  • En cada provincia exista un cuerpo de la Milicia Nacional que dará los reemplazos precisos al Ejército permanente cuando se estime conveniente.
  • Se rebaja la talla mínima a 5 pies menos media pulgada.
  • Se admitirá a todos los voluntarios que tengan entre 19 y 30 años que justifiquen su buena conducta, pudiendo elegir arma o cuerpo.
  • No se podrá prorrogar el compromiso a aquellos que lo hubieran cumplido bajo ningún concepto.
  • Los que se sustraigan del reemplazo tendrán las mismas penas que los desertores.
  • No se admitirán extranjeros ni como soldado de reemplazo ni como cadete.
  • No se permutará el servicio militar por el pecuniario.
  • El aumento de la fuerza se conseguirá aumentando los años de servicio y el cupo de reemplazo hasta alcanzar los 6 años como máximo.
  • Podrán reengancharse hasta los 12 años los que hayan cumplido su primer compromiso sin nota desfavorable y los que hayan ascendido a cabo.


El sitio de Gerona durante la guerra de la independencia española.

Durante el reinado de Isabel II se mantiene el sistema establecido por las cortes constitucionales: sustitución, redención y exclusiones por causas físicas. En 1856 se limita la edad de incorporación entre los 20 y 22 años, pero finalmente se redujo a la primera cifra.

Con el rey Alfonso XII en el poder, la Constitución de 1876 era muy clara al referirse al Ejército y denegaba el derecho de petición, lo que relegaba a sus miembros a ciudadanos de segunda. El artículo 3º decía textualmente: "Todo español está obligado a defender la Patria con las armas, cuando sea llamado por la ley, y a contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado, de la provincia y del municipio".

Bajo su sencilla redacción se encerraba una de las mayores injusticias de la época, la redención a metálico de los tres años de servicio militar, a la que solo podían acceder las clases económicamente más favorecidas. La cantidad ascendía a 2.000 pesetas de la época, que serían actualmente unos 6.000 euros. Aunque era una cantidad elevadísima para el poder adquisitivo de la época, todo aquel que podía permitírsela no dudaba en pagarla para eludir un estado de guerra constante, en el que la mortalidad era muy elevada, y no solo por la acción del enemigo, sino por las muchas enfermedades, la escasa sanidad, la deficiente alimentación y la precaria higiene. En el siglo XIX hubo más de 20 conflictos armados.

En 1882 se redujo el tiempo de servicio a solo tres años y se limitó la sustitución primero a los parientes cercanos y finalmente a los que fuesen hermanos. La redención bajó de 2.000 pesetas a 1.500 para los destinados a la Península.

No era la única diferencia ya que los soldados de cuota ingresaban en un regimiento cercano a su casa y tras la instrucción, solo debían ir al cuartel los días que tenían guardia o endosárselo a un soldado pobre por unas pesetas. En cambio, los soldados ordinarios que no recibían sueldo alguno, eran enviados a zonas lejanas y en guerra donde el riesgo de morir era muy alto.

Documento original de redención militar.

La ley de reclutamiento y reemplazo del personal de tripulación de los buques de la Armada del 17 de agosto de 1885, vigente hasta 1915, establecía una duración del servicio militar en doce años, distribuidos en la forma siguiente:
  • Servicio activo: tres años.
  • Segunda situación del servicio activo: cinco años.
  • Reserva: cuatro años.

Por la reorganización de 1891 se suprimen los regimientos de reserva y se vuelve a los escuadrones de depósito, pero 2 años después son restaurados 14 de ellos. Ese año, el reclutamiento pasa de ser provincial a regional, pero deben de existir graves deficiencias pues no faltan voces que abogan por acabar con:

  • La supresión de las licencias ilimitadas.
  • El servicio activo sin excepción.
  • El adecuado reparto de mozos entre las distintas armas.
  • El aumento de los efectivos de caballería en tiempos de paz.
  • La selección de los mozos con condiciones adecuadas para la monta.

Al estallar la última Guerra de Cuba en 1895 se llama a filas a los excedentes de cupo y se movilizaron reemplazos que ya se habían licenciado. Simultáneamente se incrementaron considerablemente las redenciones en metálico para eludir la inclusión en los contingentes que marchaban a ultramar.

Formación de soldados reclutados para la guerra de Cuba.

Reclutas embarcan en el "Montevideo" en el puerto de La Coruña hacia Cuba, en 1869.

Los redimidos en los años anteriores a la Guerra de Cuba habían sido:
  • 4.881 en 1891
  • 4.650 en 1892
  • 5.267 en 1893
  • 9.557 en 1894, con motivo de la campaña de Melilla
  • 17.890 en 1895
  • 21.374 en 1896
  • 17.800 en 1897
  • 23.284 en 1898
  • 8.173 en 1899


Soldados reclutados en la guerra de Marruecos.

Viéndose obligados a dar su vida en la guerra y con una gran oposición social, muchos jóvenes españoles rehusaron hacer el servicio militar aquel año de 1898. Fueron cerca de 8.000, muchos de los cuales prefirieron desertar y huir al norte de África, Portugal, Francia y América en general, antes que embarcarse a Cuba o Filipinas. Si bien desde 1891 existía un proyecto de ley con la supresión de la redención y la sustitución, considerados injustos no sólo por la opinión pública sino también por el propio Ejército, no sería hasta 1912 cuando una nueva ley de reclutamiento eliminase estos privilegios.

Respecto a los prófugos existían sanciones económicas muy fuertes para los cómplices en la fuga y que podían terminar con pena de cárcel. Otro detalle a tener en cuenta es que el quinto, padre, hermano o tutor del mozo que denunciara la existencia de un prófugo útil para el servicio de armas, tenía derecho a la reducción del servicio en filas a 12 meses, si fuese recluta, y beneficiaría éste en la misma forma si la denuncia hubiese sido presentada por su padre, hermano o tutor.

Soldados muertos en la guerra de Marruecos marcado con una +

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