EL NAVÍO SAN TELMO Y SU ENIGMÁTICA DESAPARICIÓN EN LA ANTÁRTIDA

San Telmo, fue el primer navío en descubrir la Antártida, meses antes de que Inglaterra tomase posesión de esas tierras. Esta es su increíble historia.

Navío San Telmo

El San Telmo fue un navío de línea de 74 cañones construido en los Reales Astilleros de Esteiro​ de Ferrol en 1788 y entregado a la Real Armada al año siguiente. Era una de las máquinas de guerra más poderosas de su tiempo. Diseñado por el ingeniero naval Romero de Landa, era un navío de dos puentes, tenía una eslora de 190 pies (52 m), una manga de 52 pies (14,5 m) y 25 pies de puntal (7 m). Su desplazamiento aproximado era de 2750 toneladas y contaba con una tripulación de 640 hombres. 

Romero de Landa sucedió al ingeniero naval francés Gautier como principal diseñador de buques para la Armada Española. Los navíos de Gautier, típicamente franceses, hacían énfasis en una mayor velocidad a costa de la manga, convirtiéndolos así en plataformas marineras inestables. De hecho, su tipo de construcción tendría consecuencias nefastas durante la batalla de Trafalgar.

Tras la batalla del Cabo de San Vicente (1797), en la que no participó, fue transferido a la «Escuadra del Mediterráneo» con base en Cartagena, donde se encontraba fondeado a causa de reparaciones cuando tuvo lugar la batalla de Trafalgar. Permaneció bloqueado en puerto hasta la invasión napoleónica y luego desempeñó servicios en el Mediterráneo en coordinación con la escuadra inglesa.

Batalla de San Vicente en 1797

En 1819, Fernando VII decide enviar una división naval de refuerzo con destino al apostadero naval de El Callao (Perú), en un intento de restaurar el poder naval español en el Mar del Sur.


Aparte de soldados y oficiales, la misión debía llevar una cantidad indeterminada de plata acuñada para pagar a las tropas realistas. La expedición marítima estaba formada por cuatro barcos con el navío San Telmo a la cabeza y 1400 hombres. Izó las velas en el puerto de Cádiz el 11 de mayo de 1819. En el virreinato de Perú ya empezaba a ser patente la amenaza de levantamientos a favor de la independencia de la colonia de la Corona española.

El jefe nombrado para el mando de la División debía, asimismo, relevar al Comandante del Apostadero del Callao. El nombramiento para el mando de la División y relevo del Apostadero recayó en el capitán de navío don Rosendo Porlier (veterano de la batalla de Trafalgar). El pesimismo de Porlier sobre la suerte de su navío era tan grande, que al despedirse en Cádiz de su íntimo amigo el Capitán de Fragata don Francisco Espelius, le dijo: "Adiós Francisquito, probablemente hasta la eternidad...".

Rosendo Porlier

El convoy hizo escalas en Río de Janeiro y Montevideo, alcanzando juntos el mar de Hoces, también conocido como el paso de Drake, a finales de agosto. Allí los buques encuentran una serie de fuertes temporales, típicos de aquellas latitudes, que les impiden adentrarse en el Cabo de Hornos y les obligan a derivar hacia el sur, en busca de condiciones más favorables. 
El tiempo empeora y los buques acaban separándose. El San Telmo es visto por última vez desde el Primorosa Mariana en mitad de un fuerte temporal el 2 de septiembre, alejándose hacia el sur con graves averías en el timón y la verga mayor. La nave capitana desapareció para siempre entre olas embravecidas y fuertes y fríos vientos con sus 644 hombres a bordo



Por mucho que intentasen las otras dos fragatas remolcarle, el mar salvaje convirtió en un imposible la operación de rescate. Mientras el navío quedó a su suerte en aquellas aguas al borde de la Antártida. Sus compañeros de expedición sí lograron alcanzar el puerto del Callao (Perú) un mes más tarde, informando que la última posición conocida del San Telmo fue latitud 62º sur y longitud 70º oeste. Una zona conocida como el Paso de Drake.

Recorrido de la Escuadra de la División del Mar del Sur

Durante meses posteriores se esperaban noticias sobre el navío pero estas nunca llegaron y el 6 de mayo de 1822 se determina:
"En consideración al mucho tiempo que ha transcurrido desde la salida del navío San Telmo del puerto de Cádiz el 11 de mayo de 1819 para el Mar Pacífico y a las pocas esperanzas de que se hubiera salvado este buque, cuyo paradero se ignora, resolvió el Rey, que según propuesta del Capitán General de la Armada fuera dado de baja el referido navío y sus individuos...".


Paso de Drake, lugar de la desaparición del San Telmo

Apenas unos meses después de la pérdida del San Telmo, el capitán de navío británico William Smith, al mando del bergantín Williams, tocó tierra en la Antártida. Williams realizó numerosos viajes al continente antártico. En el cuarto de ellos localizó restos de un naufragio en la costa norte de la Isla Livingston, naufragio que identificó como de un navío español. Era característica en los navíos de guerra de la corona española la proa en la que lucía como mascarón un león rampante.



Unos años más tarde, el también británico James Weddell, continuador de la labor de exploración de Smith, escribe sobre el mismo pecio de la siguiente forma: "varias piezas de un naufragio fueron halladas en las islas del Oeste, en apariencia pertenecientes a un buque de 74 cañones, probablemente los restos de un buque de guerra español perdido cuando hacía el pasaje hacia Lima".


A pesar de que Smith informó debidamente de que no había sido el primero en arribar a la Antártida, recibió órdenes de sus superiores de guardar silencio; cosa que aceptó. Mientras en los confines del mundo ocurría esto, en la Península Ibérica la desaparición del navío y de sus 644 navegantes importaba poco o nada. 

Placa en memoria de los tripulantes del San Telmo

En los últimos años se han llevado a cabo varios trabajos arqueológicos en la isla de Livingston con el fin de estudiar los restos del San Telmo. En 1993 una misión dirigida por el profesor de la Universidad de Zaragoza Manuel Martín Bueno trataba de rearmar la historia del naufragio del buque y arrojar algo de luz sobre la suerte de sus tripulantes. Durante los trabajos, se han hallado restos como suelas y sandalias, que no corresponden con la vestimenta empleada por los nativos de la zona.
La suerte del San Telmo y su tripulación siguen envueltas en el misterio.

Restos de zapatos hallados en la costa Antártida de los marineros naufragados

En la localidad gaditana de Puerto Real una plaza situada en el barrio de pescadores, el barrio de San Telmo, homenajea la hazaña del barco que le da nombre.

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