LOS NIÑOS DE LA GUERRA CIVIL ENVIADOS A RUSIA

Se denomina "Niños de Rusia" a los casi 3.000 menores de edad enviados por la República a la antigua Unión Soviética durante la Guerra Civil española, entre los años 1937 y 1938. Muchos de ellos murieron en el olvido.

Niños con destino a la Unión Soviética partiendo en trenes

Según avanzaba la guerra civil española, debido a las duras condiciones que se sufrían en la retaguardia republicana, se organizaron diferentes "envíos" de menores de edad a países más o menos afines ideológicamente a la causa republicana, con el objetivo de que los pequeños dejaran atrás las calamidades propias de la guerra. Aunque hubo expediciones menores a otros países, la gran masa de niños evacuados se centró en Francia, Bélgica, Reino Unido, México, Suiza o Dinamarca. El exilio de los niños españoles a la Unión Soviética fue, sin duda el más prolongado.

A la Unión Soviética fueron enviadas cuatro expediciones entre 1937 y 1938, con un total de 2895 niños, 1698 de ellos varones y 1197 niñas. ​Las salidas desde Valencia y Barcelona estaban formadas por hijos o familiares de pilotos o militares. ​Todas ellas contaban con el apoyo del gobierno de la República española, de la Unión Soviética y de la Cruz Roja Internacional, realizándose convocatorias públicas para la selección de los niños y sus acompañantes. Sin embargo, y teniendo en cuenta las diferentes condiciones en que se produjeron las evacuaciones (alguna de ellas, con una gran urgencia debido a la cercanía de las tropas nacionales), se produjeron diversos casos de confusión y pérdida de niños (menores extraviados en el trayecto de una provincia a otra, padres que pensaban que sus hijos iban a Francia y no a la Unión Soviética...).

Niños seleccionados para partir al exilio con el puño en alto. Saludo típico comunista


Niños españoles evacuados a la URSS entre 1937 y 1939
Fuentes: Cruz Roja Rusa / Fundación Francisco Largo Caballero
Número de niños
Fecha de salida
Procedencia
Puerto de salida
72
Marzo de 1937 / 21/03/37
Madrid y Valencia
Valencia
1765 / 1495
12/06/37 / 13/06/37
País Vasco
Bilbao (Santurce).
800 / 1100
23/09/37 / 24/09/37
Asturias
Gijón (El Musel).
76 / aprox. 300
Octubre de 1938 / finales de 1938
Barcelona
Barcelona
130
1939
no consta
no consta
52
Posguerra
no consta
no consta

Varios de los traslados se realizaron en barcos mercantes, en los que los menores viajaban hacinados en las bodegas. Según el acuerdo con la Unión Soviética, las edades de los niños debían estar comprendidas entre los cinco y los doce años, aunque se tiene constancia de casos de ocultación o falsificación de la edad real.

El recibimiento dispensado en Leningrado a alguna de las expediciones fue una fiesta. Como correspondía a una maniobra con un trasfondo propagandístico de importancia, en la que se demostraba el apoyo soviético a la lucha contra el fascismo en España, las autoridades soviéticas se preocuparon de la higiene, alimentación y salud de los niños. Se los distribuyó en diferentes centros de acogida, las "Casas Infantiles para Niños Españoles", entre las que había casas de descanso de los Sindicatos e incluso pequeños palacios que habían sido expropiados durante la Revolución de Octubre.

En estas casas, aparte de tener cubiertas todas sus necesidades, recibían educación en su mayor parte en español, impartida por los educadores españoles (en su mayor parte mujeres), conforme al modelo educativo y los ideales soviéticos. ​La propaganda comunista los veía, de algún modo, como la futura élite política en una república socialista española que surgiría de la victoria en la Guerra Civil.​ Entre los niños y sus familiares también existía el convencimiento de que su paso por Rusia sería corto.

Niños españoles en una "Casa infantil" en Rusia

El posible desinterés soviético tras el final de la Guerra Civil, la situación de los niños cambió trágicamente con el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Dado que el ejército alemán penetraba tanto por el norte cercando Leningrado como por el centro hacia Moscú y por el sur hacia Ucrania, todas las zonas donde se encontraban las casas de los niños españoles se encontraban comprometidas. En concreto, los niños que se encontraban en las dos casas de Leningrado sufrieron los primeros meses del bloqueo de la ciudad por el ejército alemán, en el crudo invierno de 1941 a 1942.​ En el momento en que pudo abrirse el cerco, al poder atravesar los camiones el helado lago Ládoga, fueron evacuados un total de 300 niños. ​Paulatinamente, y con el acuerdo del Partido Comunista de España se procedió a la evacuación de las diferentes casas a zonas consideradas seguras, en algunos casos remotas, vecinas a los Montes Urales y el Asia Central.



Las condiciones de vida en ese "segundo exilio" empeoraron notablemente. Muchos niños fallecieron o enfermaron: la tuberculosis y el tifus, unidos a las severísimas temperaturas del invierno soviético y la mala alimentación, provocaron numerosas víctimas. Muchos de los niños mayores se alistaron en el Ejército Rojo; aparte de las paupérrimas condiciones de vida que ahora tenían, también existía un componente ideológico en su decisión (luchar contra el fascismo en Rusia). Está documentada la detención del doctor Juan Bote García, que había acompañado a los niños como educador, y que fue internado en el campo de concentración de Karagandá por rehusar educar a los niños de un modo sectario. Su petición de "menos marxismo y más matemáticas" supuestamente le habría costado el Gulag.

Incursión nazi en el Frente Oriental. Se observa el internamiento más allá de Ucrania hasta en la Óblast de Sarátov: un grupo de niños españoles fue capturado en esa región

Los alistados, 130 en total, participaron con el Ejército Rojo en la defensa de las principales ciudades del país, especialmente en las batallas por la defensa de Moscú, Leningrado y Stalingrado, sufriendo los rigores de la guerra y siendo en ocasiones condecorados por su actuación militar. ​Setenta españoles murieron en el cerco de Leningrado, de los que habrían sido niños o jóvenes.

La suerte del resto no fue mejor. Los traslados los llevaron a lugares remotos tales como Samarcanda o Kokand (actual Uzbekistán), Tiflis (actual Georgia) o Krasnoarmeysk (en la actual Óblast de Sarátov, Rusia). En esta última localidad, en agosto de 1942, el ejército nazi capturó en una incursión a dieciséis niños españoles, que fueron entregados a la Falange para su repatriación en diciembre.

Es de esta época de la que proceden los testimonios más estremecedores: hambre, enfermedades, delincuencia, violaciones y prostitución. Varias fuentes refieren la existencia de bandas de niños españoles dedicadas a perpetrar hurtos y no se mezclaban con los niños rusos. Cuando alguno de aquellos niños era capturado y ejecutado, no lo era en su calidad de bandido, sino como supuestos "falangistas" que hubieran sido traídos a la Unión Soviética durante la guerra civil. ​Los que sobrevivieron lo hicieron sobrellevando unas duras condiciones de vida, instalados en humildes casas de campesinos y trabajando el campo para asegurarse un sustento.

Cuando Jesús Hernández (uno de los fundadores del Partido Comunista de España que estaba exiliado en la URSS), abandonó la Unión Soviética en 1943 camino de México, cerca del 40 % de los niños españoles había fallecido. En 1947, y con ocasión del aniversario de la llegada a Rusia, se organizó un acto que no logró reunir a más de 2000. Cabe señalar que diversos testimonios critican la actitud del PCE, contrario al retorno de los niños a España. Pese a ser conocedores de la penosa situación de estos niños, muchos políticos comunistas españoles se negaron a retornarlos. Un claro ejemplo es Dolores Ibárruri (la pasionaria) que dijo frases como: "No podemos devolverlos a sus padres convertidos en golfos y prostitutas, ni permitir que salgan de aquí como furibundos antisoviéticos."

La política comunista española "La pasionaria"

La vuelta a España de los niños deportados, especialmente los que estaban en la Unión Soviética, seguía considerándose por el régimen franquista un objetivo político a perseguir. Incluso antes de terminar la propia guerra, la Falange tomó a su cargo dicho objetivo, haciendo bandera del mismo en su búsqueda del mayor protagonismo político posible dentro del futuro Estado franquista. Manuel Hedilla, jefe nacional de la organización, enviaba en 1937 una carta al diario The Times pidiendo ayuda ante lo que calificaba como "inhumana exportación de niños" a la Unión Soviética,​ ofreciéndose incluso a sufragar los gastos de mantenimiento de los pequeños: "Nuestra pobre FALANGE, pobre de dinero y poderosa de aliento, quiere para sí sola el sacrificio que suponga el cuidado de esos miles de niños."

El primer repatriado de este modo fue uno de los niños que, convertido en soldado del Ejército Rojo, cayó prisionero durante la guerra ruso-finesa. De las informaciones obtenidas por él la Falange deducía la preparación como "activistas" de los niños españoles. Dicha versión hubiera venido avalada por aquella captura nazi de una docena larga de chicos en 1942, supuestamente miembros de una "escuela de activistas". Sea como fuere, el régimen siempre sospechó que los "niños" repatriados pudieran ser agentes filocomunistas.

Tras la muerte de Stalin en 1953, se inicia un período de un relativo deshielo de las relaciones del régimen franquista con la Unión Soviética. Ya hace años de la derrota del Eje, al que Franco había apoyado con el envío de la División Azul a combatir contra los soviéticos, y con la entrada de España en la ONU aún reciente (1955), en 1957 se produce el acuerdo para el regreso de los "niños" que lo desearan a España. 



Itinerarios de expediciones de regreso de "Los niños de Rusia"

Los retornados encontraron a su vuelta un régimen hostil, la desconfianza de unas autoridades que sospechaban de su filocomunismo y, sobre todo, unas familias que dejaron ir a niños y que recibían tras casi veinte años a adultos, en ocasiones padres de familia a su vez, con otra educación y experiencias vitales opuestas. El reencuentro por tanto no fue fácil y un número no despreciable decidió finalmente regresar a la Unión Soviética. 

Previamente, un pequeño grupo de unos 150 niños obtuvo permiso, en 1946, para marchar a México a reunirse con sus familiares. A otro grupo de unos 200 "niños", el conocimiento de la lengua española los llevó a viajar, desde mediados de 1961 y hasta mediados de la década de los setenta, a la Cuba de Castro, como especialistas soviéticos enviados por el Partido Comunista de España, desempeñando allí trabajos de traductores, profesores, en la construcción o incluso como técnicos para la inteligencia cubana. 

La mayoría de los niños que finalmente pasaron sus vidas en la Unión Soviética, regresados tras la guerra a los lugares de los que habían sido evacuados, acabaron radicándose en Moscú, aunque hubiera quien acabase situando su residencia en los remotos parajes de Siberia. Las estancias vacacionales en España estaban permitidas para los que hubieran permanecido veinte años en la Unión Soviética. ​Desde los años 60 algunos fueron volviendo de manera individual, y tras la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, un número considerable volvió a España. Los supervivientes han seguido manteniendo un contacto frecuente. 


Niños con sus maletas iniciando el viaje

En todo caso, la situación para todos ellos nunca dejó de ser peculiar, debido a que España no mantuvo relaciones diplomáticas con la Unión Soviética hasta los últimos meses de la dictadura, en 1977. Incluso en algún aspecto se vieron perjudicados por la caída del régimen soviético, quedando en un limbo legal del que salieron en 1990, con la concesión de la posibilidad de recuperar su nacionalidad "perdida" por parte de las Cortes españolas. Posteriormente, en 1994, obtendrían el derecho a recibir pensiones de jubilación, invalidez y supervivencia. Los supervivientes de aquellos niños recibieron, en diciembre de 2003, la Medalla de Honor a la Emigración en su categoría de oro.


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