JOAQUÍN GARCÍA MORATO Y CASTAÑO (1904-1939)

Nos encontramos con el máximo as de la aviación española hasta la fecha, con un total de 40 aviones derribados confirmados. Fue el terror de los cielos durante la guerra civil española.

Joaquín García Morato

Joaquín García-Morato y Castaño nació en Melilla el 4 de mayo de 1904. Era hijo de José García Morato Cánovas, militar profesional de Infantería, y de María Castaño Miranda. Ingresó en la Academia de Infantería, junto a su hermano mayor Antonio, el 8 de septiembre de 1920, y en ella permaneció hasta el fin de 1922, siendo nombrado alférez de Infantería. 

En estos años ocurrieron en Marruecos hechos destacados, que se iniciaron con el Desastre de Annual y siguieron con la recuperación de gran parte del territorio perdido al oeste de Melilla. En septiembre de 1923 García Morato recibió orden de incorporarse a Marruecos y así lo hizo el 28 de dicho mes en la Comandancia Militar de Melilla. La brillante actuación de la Aviación de Melilla entre 1921 y 1924 empezó a hacerse notoria. Morato se sintió atraído por la aviación y solicitó su admisión al curso de pilotos convocado en esa época.  Tras finalizar el curso en Madrid, regresó destinado a Marruecos como piloto en el Grupo de Melilla, tomando parte en numerosas acciones de guerra. Siguió en África hasta marzo de 1925, momento en el que fue destinado a la Península.

Tras el desembarco de alhucemas, regresó en febrero de 1926 a Melilla. En marzo de 1926 se creó la Jefatura Superior de Aeronáutica y el teniente García Morato fue admitido de plantilla en dicho servicio, con la categoría de oficial aviador. 

Pilotos de la guerra del Rif, cargando bombas a sus aviones

En 1926 y 1927 estuvo muy activo en combate. En 1926 realizó un vuelo de escolta al Jaime I que llevaba a bordo a los Reyes, y trasladó en otro al general Goded. Desde finales de marzo a primeros de julio de 1927 apoyó el avance de las tropas españolas en el norte de África. En dos ocasiones se vio obligado a tomar tierra fuera de campo, en Adman el 15 de abril, con numerosos impactos, y en terremoto abrupto el 9 de mayo, por pérdida de todo el lubrificante, resultando ilesos ambos tripulantes gracias a su serenidad y pericia. 

Poco después de terminada la Guerra de Marruecos, Morato sufrió un grave accidente de hidro en Atalayón el 24 de octubre de 1928, que le mantuvo alejado del vuelo casi un año. Al año siguiente contrajo matrimonio con María del Carmen Gálvez Moll, hija de un ilustre médico malagueño, ceremonia que se celebró el 22 de julio de 1929. Morato fue destinado el 25 de febrero de 1931 a los Servicios de Instrucción, escuela de pilotaje de Alcalá, como teniente de Infantería. 

Implantada ya la segunda república, Morato sería dado de baja en el arma de Aviación y sería destinado al Batallón de Infantería de Montaña, Estella Nº 4. Destinado a Aviación de nuevo un tiempo después, fue a la Escuela de Guadalajara como profesor de vuelo. En 1935 asciende a capitán y es destinado al Ministerio de la Gobernación, y de allí como profesor a la Escuela de Vuelo y Combate, publicando por esas fechas dos libros: "Vuelo sin visibilidad exterior" y "Acrobacia Aérea". Como experto piloto acrobático era frecuentemente invitado a participar en concursos y festivales aeronáuticos.

Morato posando junto a su avión

El alzamiento militar del 18 de julio de 1936 le sorprendió en Inglaterra, arreglando una avioneta particular. El 1 de agosto cruzó la frontera en coche hasta llegar a Córdoba para incorporarse al ejército del alzamiento. Pasó a realizar misiones de caza en el Frente de Andalucía el mismo mes de agosto. Reclamó su primer derribo el 12 de agosto, un Vickers Vildebeest que cayó sobre Antequera (Málaga). El 18 de agosto reclamó otros dos derribos y el 2 de septiembre el 4º. Comenzó entonces a volar el caza italiano Fiat CR-32. En Noviembre ya consiguió su 15º baja. Esta marca de quince victorias aéreas conseguidas en tres meses no fue igualada por nadie en toda la Guerra Civil.



La llegada a España de los cazas rusos Polikarpov I-15 e I-16 hicieron más difícil la confrontación aérea. A finales de 1936, Morato formó una patrulla Fiat española autónoma (la patrulla azul), que se estacionó en Córdoba. De esta manera pudo operar de forma autónoma en unión de los pilotos Narciso Bermúdez de Castro y Julio Salvador Díaz-Benjumea.

 Fiat CR-32 que pilotaba Morato durante la guerra civil


El 3 de enero de 1937 Morato protagonizó la mayor hazaña aérea hasta el momento, el abatimiento en un solo combate de dos bimotores rápidos Tupolev SB-2, llamados Katiuskas en España. Habían estado bombardeando Córdoba una y otra vez, y sus habitantes pasaban mucho tiempo en refugios y sótanos; Morato estudió la hora, altura y dirección a la que operaban, y se colocó en guardia a 5.000 metros de altitud, superior a la que ellos usaban. En cuanto vio a los dos bimotores acercarse a Córdoba, comenzó a dispararlos e incendió a uno de ellos, al que siguió hasta cerca del aeródromo de Andújar, en donde se estrelló. En este momento el otro bimotor apareció en su cola y le disparó con sus ametralladoras de proa, sin conocer la habilidad de su enemigo; Morato viró rápidamente por debajo y tuvo la suerte de impactar en un punto vital al Katiuska, que cayó en espiral abierta y se estrelló contra el suelo a dos kilómetros del anterior.


El 18 de enero, volando desde Los Barrios (Cádiz) en apoyo del avance hacia Estepona (Málaga), ametralló e hizo estallar a un camión con dinamita, preparado para volar un puente de la carretera. El 8 de febrero las tropas nacionales entraron en Málaga, en donde Morato pudo abrazar a su familia aunque por poco tiempo. Había sido llamado por el general Kindelán para estudiar qué se podía hacer para oponerse a la superioridad aérea enemiga en el frente de Madrid, pues los Fiat italianos no cruzaban las líneas hacia territorio enemigo.

En febrero de 1937, en plena Batalla del Jarama, la aviación de caza italiana se negó a escoltar a los grupos de bombardeo nacionales dotados de aviones Ju-52 tras las líneas republicanas, debido a las muchas bajas que estaban sufriendo. El general Alfredo Kindelán, le ordenó que se incorporara con su patrulla a una escuadrilla de la caza italiana para proteger a los bombarderos nacionales. 

García Morato posando con su caza y el logo de su patrulla

El 18 de febrero de 1937, durante un servicio de protección de bombarderos, los cazas italianos, al llegar a la línea del frente, se negaron a proteger a los bombarderos sobre el territorio fuera del control de los nacionales. A pesar de no ser escoltados, los bombarderos continuaron el vuelo y tras pasar la línea del frente fueron atacados por más de 30 cazas rusos de la Fuerza Aérea Republicana. Morato se apresuró con su patrulla (tres aviones) a proteger a sus bombarderos sin dudarlo, lanzándose contra los cazas rusos. Según su testimonio, no vio otra cosa, por encima y por debajo, a derecha e izquierda, que aparatos enemigos y tuvo entonces el convencimiento de que aquella era la última batalla en que tomaba parte. Tras unos minutos de incertidumbre y viendo en el aprieto que se encontraban los cazas nacionales, el piloto italiano capitán Nobille desobedeció la orden de no cruzar la línea del frente y salió en su ayuda, rompieron sucesivamente la formación y lograron una gran victoria. En recompensa a esta excepcional hazaña, a Morato se le concedería la Cruz laureada de San Fernando y a la patrulla la Medalla Militar colectiva.

En diciembre de 1937, al recibir 23 nuevos Fiat CR.32 su patrulla creció. El Grupo Morato, después de dos meses de continuo guerrear y de muchas victorias conseguidas, mantenía operativos los trece Fiat que se le habían encomendado a primeros de mayo, aunque cargados de horas de vuelo y guerra, merecedores de un período de revisión. 

La iniciación de la ofensiva por Brunete del Ejército Popular obligó a Morato a desplazarse a Ávila el 10 de julio con los cuatro primeros Fiat de su grupo revisados. Dos días después, el 2G3 sufría su primera baja definitiva, el capitán Bermúdez de Castro, uno de los héroes del combate del Jarama. Morato pudo desquitarse abatiendo dos Natachas el día 14, dos I-16 el 15 y otro Natacha el 18, con lo que llegaba a su vigésimosexta victoria.

En noviembre de 1937 pasó a ser jefe de Operaciones de la Brigada Aérea Hispana; a pesar de ello no dejó de volar y desde diciembre hasta junio hizo un promedio de once servicios de guerra mensuales, la mayor parte en Fiat, pero también en toda clase de aviones.

Propaganda republicana durante la guerra civil en Madrid

Al finalizar la batalla de Teruel, el 21 de febrero de 1938, Carlos de Haya perdió la vida en combate, quedando su cadáver en territorio enemigo. A los principales jefes de la Aviación republicana, Ignacio Hidalgo de Cisneros y Antonio Camacho, Morato les dirigió la carta siguiente: “En el frente de Teruel, en las inmediaciones del puerto de Escandón, ha caído en combate el capitán Haya. No me dirijo a los amigos de ayer ni a los enemigos de hoy; lo hago a vosotros, precisamente, por ser compañeros de Arma del finado. Su mujer solicita su cadáver. Yo hago mía su petición, y si algún día nos encontramos en el aire, antes de comenzar la lucha os saludaré reconocido. El comandante de la Aviación nacional, Joaquín García Morato”.

Esta carta la llevó el propio Morato hasta el aeródromo de Almuriente, sobre el que dio una pasada con su Fiat casi a ras del suelo, en cuyo centro la dejó caer.

El 21 de junio de 1938 asumió el mando de un nuevo grupo Fiat, el 3G3, y a su frente abatió en la batalla del Ebro otros cuatro aviones, dos en agosto, uno en septiembre y otro en octubre. El 25 de junio, volando solo por el frente, en misión de reconocimiento, sorprendió a una gran formación aérea de hasta cincuenta aviones, entre Natachas y cazas; atacó a los bombarderos, sin que los cazas se percataran. Cuando la artillería antiaérea empezó a disparar, dos de los Natachas ya habían resultado derribados. 

Joaquín García Morato fue derribado en combate el 3 de octubre de 1938, por primera y única vez en toda la guerra, y precisamente por un piloto de su propio grupo. El 22 de diciembre comenzó la ofensiva de Cataluña y el día 24, yendo al frente del 3G3, sorprendió y destruyó a una escuadrilla de Natachas, de los que él mismo derribó tres (victorias 37, 38 y 39). Terminó su acción bélica el 28 de marzo de 1939 con una protección de Aéreos sobre el frente de Ocaña-Aranjuez, al frente del grupo 3G3. 

El 2 de abril de 1939 fue en Fiat a Sevilla. El 4 de abril despegó por última vez de Griñón con el 3-51, su compañero inseparable de toda la guerra, para simular un combate aéreo de su Fiat y un Messerschmitt contra un I-16 capturado. “El día era triste y gris; nubes muy bajas y una lluvia fina y pertinaz que dificultaba la visibilidad”.  Según las crónicas sucedió lo siguiente: “Parece lo más probable que Morato quiso tomar tierra picando sobre el extremo del campo y en la misma dirección de entrada, para llegar al suelo, tirar y subir hasta quedar invertido, enderezar y terminar virando 180º al mínimo de velocidad, para llegar así al extremo del campo y tomar tierra”. Esta maniobra requiere que se haga todo al límite y esta vez el aparato se estrelló de panza antes de llegar al campo. De esta forma se truncó la vida de Joaquín García Morato, privando a la Aviación española del mejor y más completo de sus pilotos. La Medalla Militar individual se impuso al cadáver.  El cuerpo de Morato fue trasladado a Málaga, expuesto en el salón de sesiones de su Ayuntamiento, sacado a hombros por sus cazadores y enterrado en el cementerio de la capital andaluza el 5 de abril de 1939.

Cortejo fúnebre con los restos de García Morato

Al comenzar la Guerra Civil Morato tenía 1.860 horas de vuelo y en la contienda voló otras 1.012 horas (856 en cinco tipos de caza y 156 en otros 25 tipos de aviones); realizó 511 servicios de guerra, participó en 56 combates aéreos (con 144 encuentros individuales), y derribó 40 aviones enemigos. 

En sus memorias póstumas, Guerra en el aire, el dictador Francisco Franco prologó: "Esta es la vida de García Morato. Murió como los héroes legendarios en plena juventud, feliz y victorioso; sus alas poderosas se quebraron un día ante el azar, mas quedó su espíritu flotando en las que en una mañana han de nublar el sol".

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